Antes de hablar de los cuidados concretos de los pies en las personas mayores es importante entender que a lo largo de la vida vamos a dar de media los suficientes pasos como para dar cuatro veces la vuelta al mundo caminando. Y que en cada paso que damos ponemos el doble de nuestro peso. Quiere esto decir que a lo largo de nuestra vida, los pies habrán soportado miles de toneladas de carga.

A medida que la edad de las personas avanza, los cambios en la morfología del pie son cada vez más visibles. Si el número del calzado no se adapta a estas transformaciones, es posible que el paciente sufra diferentes sintomatologías, que pueden desencadenar un problema grave, como angustia, apatía, pérdida del equilibrio y caídas.

En la tercera edad incrementa la anchura e incluso la longitud del pie, y también la tolerancia al dolor, la pérdida de masa muscular y el tejido adiposo.

Uno de los efectos más importantes es la pérdida de tejido adiposo en la planta del pie (que es un tejido que actúa como un amortiguador natural). Esta capa de tejido se va deteriorando y perdiendo parte de su función. Además hemos de entender que el pie es una estructura muy articulada.

Tenemos 28 huesos que se unen mediante 33 articulaciones y más de 100 tendones. Las enfermedades crónicas como la artrosis (que afecta principalmente a articulaciones) también tienen un importante efecto en el pie.

Es especialmente importante tener una especial atención con los pies de las personas mayores que padecen diabetes (lo que se conoce como el pie diabético). En este tipo de pie se encuentran dos problemas: por un lado el déficit de aporte sanguíneo (lo que dificulta la cura de cualquier herida) y por otro lado el déficit de sensibilidad (lo que aumenta el riesgo de poder generarse una úlcera al no notar por ejemplo el hecho de llevar una piedrecilla dentro del zapato).

En nuestras clínicas podemos ofrecerles dos tipos de tratamientos:

  • QUIROPODIA: Se refiere al tratamiento de callosidades, durezas, uñas incarnadas(uñas que se clavan en los laterales de los dedos), papilomashongos, etc.

Una persona mayor debería de acudir periódicamente al podólogo para garantizar que el estado de sus pies está siempre en buenas manos. Hemos de entender que pequeñas lesiones (como una callosidad) pueden convertirse en problemas mayores (como una úlcera) si no son tratados a tiempo.

Contraindicamos totalmente el uso de callicidas en las personas mayores. Se tratan de ácidos muy potentes que están pensados para eliminar la callosidad. En muchos casos lo que producen es una quemadura de segundo grado en la piel sana de alrededor del callo. Esa quemadura puede complicarse (sobre todo en pacientes con problemas de circulación).

Un buen consejo para mantener la piel del pie en buenas condiciones es hidratarla a diario con una crema específicamente diseñada para los pies. Lo ideal es hidratar el pie por la noche ya que si lo hacemos por la mañana el pie puede sudar dentro del zapato y la mezcla de sudor y crema puede producir maceración de la piel y diferentes lesiones o patologías.

  • ESTUDIOS BIOMECÁNICOS Y PLANTILLAS PERSONALIZADAS.

Muchos pacientes mayores piensan que una plantilla personalizada es para un deportista o para un niño y en realidad no es así. Una plantilla correctamente indicada y diseñada puede mejorar muchísimo la calidad de un paciente mayor ya que va a compensar la pérdida de tejido adiposo, dará una mayor estabilidad a la marcha y generará un correcto reparto de presiones en la planta del pie  evitando puntos de presión que generen callosidades u otros problemas.

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Nuestra recomendación desde Clínica Real y Clínica Casarrubuelos es que los mayores utilicen calzados de horma ancha, preferiblemente ajustables con correas o velcros, suelas de goma que protejan de resbalones y caídas y que, a su vez, reduzcan el impacto en las articulaciones y la presión al caminar.

Una visita regular al podólogo ayuda a prevenir, controlar y disminuye la aparición de alteraciones en los pies, mejora la autonomía y, en definitiva, la calidad de vida de los mayores.